8 trucos ecológicos y económicos para refrescar tu casa en verano

on agosto 8, 2018

Es de noche, estás en tu cama, vestida de algodón o lino (la cama), con pijama de verano y a oscuras. Has cenado ligero, como dos horas antes de irte a dormir, y has evitado actividades excitantes, como recomiendan los expertos. Pero te resulta imposible conciliar el sueño. El aire acondicionado te afecta a la garganta, así que, para evitarlo en las horas nocturnas, te has comprado un ventilador de esos fabricados en China, y lo tienes puesto, en velocidad 3. Hace más ruido que un tren de mercancías. Pero no consigues dormirte. Las ventanas están cerradas, en el exterior de la vivienda está Mordor, con más de 25 ºC, pero no es suficiente para tener un ambiente respirable en el interior. Empiezas a pensar que las plantas del salón te están quitando el oxígeno. Y sigues sin dormir. ¿El motivo? Una de las típicas olas de calor de nuestros tórridos veranos. Y la, en general, lamentable calidad constructiva de las viviendas que habitamos, sobre todo en lo que a aislamiento térmico se refiere. Pero no te rindas, se pueden hacer muchas cosas en nuestras casas para evitar esta situación, sin gastar mucho dinero, y evitando el aire acondicionado, que tanta energía consume y tanto contribuye a que nuestras ciudades se conviertan en islas de calor. Aquí tienes 10 trucos ecológicos y económicos para refrescar tu casa en verano, sin tener que recurrir a la climatización.

1. Cierra ventanas durante el día

Ya, sí, todo el mundo dice que vivimos en un país de ventanas abiertas, que es nuestra costumbre, sobre todo en el sur, y blablablá… Pero, en los meses más cálidos, es mejor olvidarse del tema. Podéis abrir un ratito por la mañana, cuando la temperatura haya llegado a su mínimo diario, para ventilar. Esta temperatura mínima suele darse entre las 6 y las 8 de la mañana. El resto del día, cuando la temperatura suba de 25-26 ºC, mejor cerrar. Si nuestra temperatura de confort está entre los 22 y los 26 ºC, no tiene sentido meter aire caliente en casa, ¿verdad?

2. Ventila durante la noche

En una vivienda Passivhaus no haría falta, ya que estaría siempre ventilada y a temperatura de confort. Pero en una casa convencional, para eliminar el calor acumulado a lo largo del día, desgraciadamente, no hay más opción que ventilar abriendo ventanas. El mejor momento es por la noche, cuando las temperaturas son, se supone, más bajas, pero siempre y cuando la exterior lo permita, teniendo en cuenta que el umbral del sueño está en los 22 ºC, según los expertos. En resumen, que si en la calle hace más de 22 ºC, hay que cerrar ventanas y tirar de, por lo menos, ventilador. Y a echarle paciencia.

3. Pon ventiladores de techo

Si no te puedes permitir otra cosa, o quieres empezar por una inversión de bajo coste, te recomendamos, encarecidamente, que instales ventiladores de techo. A todos los que dicen que solo mueven aire caliente, les decimos que sí. Pero también que no. Mueven aire caliente, efectivamente, pero al hacerlo disipan la humedad que hay alrededor de nuestra piel provocada por nuestro propio sudor. Al retirar esa humedad y secar el aire que nos rodea, permiten y favorecen que sigamos sudando, un mecanismo de nuestro cuerpo para bajar nuestra temperatura cuando hace calor mediante evaporación. Estos ventiladores tienen sus limitaciones, y solo funcionan si nos encontramos bajo su radio de acción, pero suelen ser suficientes la mayor parte de los días de temperaturas más altas. Y no, no los dejéis funcionando cuando no estéis porque no refrescan el ambiente.

4. Protégete del sol

Esto es evidente, ¿no? Todos sabemos que a la sombra se está más a gustito, así que, ¿por qué no sombreamos nuestra vivienda? El sol, al entrar en la vivienda, calienta el aire interior y los materiales sobre los que inciden sus rayos. Además, también está el problema añadido de la inercia térmica de los materiales, que hace que estos sigan emitiendo el calor acumulado, aunque el sol ya no incida en ellos. Y esto, que en invierno puede ser muy favorable, hay que evitarlo a toda costa en verano. Para rematar, tenemos el efecto invernadero, que hace que, debido a la radiación solar que incide sobre la vivienda, se caliente el aire del interior. La casa, al estar cerrada en verano, no disipa el exceso de calor y puede llegar a tener en su interior temperaturas superiores a las del exterior. Es lo que se llama sobrecalentamiento. Hay que procurar, pues, evitar este problema impidiendo que el sol caliente la vivienda en exceso. Las posibilidades para paliar esto son muchas: toldos, persianas, velas… Para empezar, podemos colocar algún tipo de protección en el exterior de las ventanas, el principal punto de entrada del sol en la casa. Lo del exterior es importante, ya que hay que evitar que el sol entre en la casa. De poco sirven las cortinas o toldos interiores. También están las cortinas en las terrazas, que evitan que el sol incida sobre ventanas y fachada. O los toldos. En cualquier caso, habrá que estudiar bien el lugar de colocación, no vayamos a sombrear la casa del vecino…

Otra opción interesante es, si tenemos una cubierta plana o azotea, poner algún dispositivo que la sombree, dado que esta es la parte de la envolvente de la vivienda que más insolación recibe. No estamos hablando de una pérgola o porche. Por su altura, puede ser que, la mayor parte del día, arrojen sombra en las viviendas vecinas. Pensamos más en algún tipo de textil (puede ser incluso una rafia) colocado lo más próximo posible a la cubierta de forma que la sombree en su totalidad. Esto sería válido para azoteas no transitables.

5. Pinta de blanco el tejado o la azotea

Aunque es un tema complejo el de los colores, y admite muchos matices, intentaremos explicarlo de forma sencilla. Básicamente, la radiación solar está compuesta de distintas ondas electromagnéticas con distintas longitudes de onda. Cada objeto absorbe unas ondas y refleja otras, lo que determina su color. Los objetos de colores más oscuros absorben más radiación que los claros. Esta radiación absorbida se transforma, a su vez, en calor, así que, a mayor capacidad de absorción (colores oscuros), más calor transmitido. El color blanco es el que más radiación refleja, así que tiene todo el sentido del mundo que lo utilicemos para repeler la mayor cantidad de radiación solar posible, ¿no? Pintando nuestros tejados o azoteas de este color conseguiremos reducir, y mucho, el calor en el interior de las viviendas. Ciudades como Nueva York o Melbourne ya tienen programas que fomentan el uso de pinturas blancas en las cubiertas de sus edificios, que puede conseguir ahorros de hasta el 30 % en la climatización. En ambos casos, promueven el uso de pinturas reflectantes, más efectivas que las normales. En nuestro país se ha usado este color en las zonas más cálidas desde hace siglos. ¿Por qué no volver a hacerlo?

6. Llena tu casa de plantas

Las plantas evaporan agua para reducir su temperatura y hacer frente al calor, enfriando también el aire que las rodea. Su uso en el interior de una vivienda reducirá, pues, la temperatura y, además, humidificará el ambiente. En el exterior, un jardín o patio lleno de plantas reducirá también la temperatura alrededor de la casa. Además, la colocación de árboles de forma adecuada conseguirá sombrear los muros más soleados, contribuyendo así al confort en el interior. Las opciones son casi infinitas: pérgolas, enredaderas, pantallas verticales vegetales… En este artículo de Urbanarbolismo encontraréis múltiples ejemplos.

7. Haz del agua tu amiga fiel

Al igual que las plantas, los pueblos árabes y africanos y también romanos que habitaron la península siglos ha, utilizaban el agua para refrescar sus edificios. Acequias, albercas y fuentes formaban parte de los patios y jardines de las casas más pudientes, y ayudaban, y mucho, a refrescar el ambiente, tanto exterior como interior, de las viviendas y palacios de las clases más altas. En la Exposición Universal de Sevilla de 1992 se usaron técnicas parecidas que consiguieron bajar la temperatura exterior en unos pocos grados, cosa que todos agradecimos grandemente. Aunque parezca mentira, no es lo mismo estar a 42 grados que a 39.

Estas técnicas que se aprovechan de la capacidad del agua de rebajar la temperatura mediante la evaporación se han perdido, en gran medida, gracias a que nos hemos entregado, en el interior de nuestras viviendas, al gran dios “aire acondicionado” y similares, y nos hemos olvidado también de acondicionar el exterior de nuestras ciudades, el espacio público, como si no estuviera en contacto con nuestras viviendas. Si tenéis la suerte de tener un jardín, poned una fuente o estanque o pequeña laguna, veréis cómo notáis más frescor, si lo combináis con una vegetación frondosa. El uso de nebulizadores en pérgolas y porches también puede contribuir a un ambiente más fresco y agradable. ¿Por qué no probarlo?

8. Sella juntas

Nunca nos cansaremos de decirlo, por las juntas de puertas y ventanas se nos puede escapar el calor en invierno y el frío en verano, así que hay que procurar sellarlas de forma eficiente. Hacerlo es bien sencillo, tan solo hay que comprar unos buenos burletes y colocarlos de manera adecuada. Con esta medida, fácil y económica se pueden conseguir ahorros de hasta el 30 % en la factura de la luz.

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