Adictos al plástico

on febrero 14, 2018

Por fin, después de dar mil vueltas por los pasillos del súper, de haber vuelto corriendo a por las latas de mejillones, que eran, en realidad, a por lo que había ido, llego a la caja. La cajera, con gesto displicente y haciendo bailar un rock´n roll a su chicle de fresa ácida dentro de su boca, va pasando los productos por el lector a gran velocidad. Me mira con gesto aburrido y pregunta: “¿Quiere bolsa?” La miro con un cierto temor y le digo: “No, gracias”. Ella me mira con gesto desafiante y me dispara con otra pregunta: “¿Seguro? Son gratis…”. No me amilano, me echo la chaqueta para atrás y dejar así el bolsillo de mi pantalón a la vista y le digo: “No te preocupes, llevo bolsa de tela”.

Afortunadamente, este “duelo” ya no se da más que en las tiendas pequeñas, dado que, por ley, los supermercados están obligados a cobrar las bolsas de plástico. Sorprendentemente, muchísima gente ha dejado de usar estas bolsas por motivos monetarios. Está claro que, cuando a la gente le tocan el bolsillo, suele reaccionar. Es triste, pero es así. Por lo menos en España.

Para mí siempre ha sido un sufrimiento la cantidad de plástico que usamos, aunque no queramos. En la ciudad quizás no te das mucha cuenta, pero cuando sales al campo y ves la cantidad de bolsas, botellas y todo tipo de envases que deja la gente en los lugares más insospechados, llegas a ser consciente del impacto que estos productos tienen en el medio ambiente. Y dado que no se conoce ningún organismo capaz de degradar el plástico, este impacto es enorme, ya que cada trozo de plástico que se ha fabricado, existe todavía en algún lugar de nuestro planeta.

La muy recomendable película-documental canadiense “Adictos al plástico” (“Addicted to plastic”, 2008, Ian Connacher) habla sobre este tema en profundidad: sobre el tiempo que tarda un plástico en degradarse (de 100 a 1000 años); sobre el impacto que puede producir a miles de kilómetros de su lugar de fabricación o utilización (la famosa Isla de Basura que hay en el océano Pacífico, tres veces más grande que España); sobre la toxicidad de los plásticos usados en alimentación… Desgraciadamente, es un documental que, 10 años después, sigue de plena actualidad, dado que el consumo de plástico no deja de subir en el mundo.

Pero el documental no se limita a los aspectos negativos de este material derivado del petróleo, sino que propone soluciones a través del ejemplo de diversas empresas e instituciones que se dedican, de alguna manera, a disminuir o eliminar el impacto de los plásticos en el medio ambiente. Como BioPak, empresa australiana que fabrica todo tipo de embalajes y envases totalmente biodegradables. Como Wastaway, que, a partir de la basura doméstica, fabrica un producto llamado Fluff que puede convertirse en combustible, generar electricidad, o transformarse en material de construcción. O como Conserve India, empresa que elabora todo tipo de complementos (cinturones, carteras, bolsos, collares…) a partir de bolsas de plástico, reduciendo la basura de los vertederos y empleando a gente de las clases más desfavorecidas.

En cualquier caso, la primera y más efectiva de las medidas que podríamos tomar para disminuir o eliminar el impacto del plástico en nuestro mundo es reducir su uso al mínimo posible, eligiendo productos cuyo envase sea de plástico reciclado, cartón, papel o vidrio, productos todos ellos de menor impacto o más fácil reciclado. Y si nos tenemos que pelear con la cajera, pues nos peleamos. Pero con educación y una sonrisa, eso siempre.

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